Pablo La Padula: Entre el laboratorio científico y el taller de artista.

Eugenia ViñaEugenia Viña

Antes, mucho antes, pero en este mismo mundo, hubo un tiempo en que lo bello, lo bueno y lo verdadero eran categorías indisociables. Antes de las dos guerras mundiales, del invento de las armas nucleares, del descubrimiento del inconciente y de que el surrealismo tuviese que imponer el deseo de que el arte, la vida y el sueño vuelvan a unirse, antes de todo eso, la división abismal entre la ciencia y la belleza era impensable. Hasta el año 1850, por ejemplo, en los laboratorios convivían científicos con artistas (dibujantes), que traducían en imágenes - líneas y colores - aquello que iba siendo descubierto, o aquello que se intuía como posible de existir.

Testimonios abundan. El monumental libro “Obras de arte de la Naturaleza”, del biólogo alemán Ernst Haeckel está repleto de litografías que podrían aparecer en la más sutil galería de arte contemporáneo. Allí el científico y dibujante, con una técnica y claridad plástica impecable, representa los organismos estudiados y descubiertos, desde los peces cofre a las bellísimas espirales de los moluscos cefalópodos a las simetrías perfectas de las medusas y microorganismos.

Pablo La Padula, artista plástico y biólogo, se encuentra hace años en su trabajo de investigación como científico con esas imágenes que aparecen en las fuentes bibliográficas académicas: ilustraciones, fotografías, recortes microscópicos, producidos para generar conocimiento, y ser cuantificadas para derivar en un lenguaje matemático, como en la publicación del 2006 Manukhina en Society for Experimental Biology and Medicine, o los modelos moleculares del científico argentino Mario Amzel.

Dal verme-arquitectura molecular

Entre el laboratorio de científico y su taller de artista, La Padula no se pelea con los dos mundos que habita sino que – a fuerza de encontrar belleza en el primero y conocimiento en el segundo- su desafío como artista plástico es como él define “empatar esos dos mundos”, derribando el cliché del artista encerrado en una lejana torre de marfil y el científico loco alienado por mecheros y tubo de ensayo.

Las analogías entre el mundo artístico y científico que encuentran son muchas, retazos en común de imágenes y formas de trabajo, aunque en nuestro siglo convivan en universos simbólicos diferente: “es el mismo lenguaje pero distinto sustrato. El arte es intuitivo y poético, la ciencia racionalista y concreta. Pero las dos nacen del mismo acto: la observación”.

Cambre-citoarquitectura celular

La propuesta es unirlos y desde ese lugar desarrolla su obra plástica y curatorial, nacida junto a la que podríamos denominar: TCEPLP (Teoría Científica Estética Pablo La Padula).

  • Hipótesis 1: “El lenguaje científico y el pictórico están emparentados, aunque sin conciencia o conocimiento. Atención: no se trata de ilustrar la ciencia ni de cientifizar el arte.”
  • Hipótesis 2: “La ciencia busca estructuras fundamentales. Llegar al elemento mínimo constitutivo: la línea. Comparte la misma base que el dibujo.”
  • Hipótesis 3: “Hay una instancia metodológica del trabajo científico que es la observación. Igual que un artista que trabaja en su taller, el trabajo nace en los dos casos de la mirada.”
  • Hipótesis 4: “Hay un punto donde el artista contemporáneo argentino nombre Juan José Cambre se enfrenta, se hermana – en el lenguaje pictórico- con Nobuhiro Morone de la Japan Science and Technology Agency, haciendo su paper. Hay que poner en un mismo plano ontológico al arte contemporáneo y al científico.”
  • Hipótesis 5: “No es igualar ni poner a los científicos como artistas, la imagen científica tiene su propio campo. Tiene su razón de ser. Es una foto científica. Y la obra es artística, la mirada es otra. Pero es una forma de trabajo que comparten. Cada uno su propia escala y materialidad.”
  • Hipótesis 6: “Hay un horizonte simbólico, un espíritu de época, que hace que artistas, científicos y miembros de una comunidad, pasemos por el mismo lugar.”
  • Hipótesis 7: “El mundo natural es susceptible de ser amado.”
  • Hipótesis 8: “Mi colección arbitraria de seres naturales es mi tesoro bello y ridículo, que devino en mi obra plástica Gabinete de curiosidades, adquiriendo un sentido social, permitiendo que se pueda compartir cuando lo tamizo a través del arte contemporáneo.”

Superficie celular/Eduardo EstupíaSuperficie celular | Eduardo Estupía

Su taller, su estudio de artista, no desmiente ninguno de sus axiomas. Todo lo contrario, está inundado por un delicioso déja vu con aires renacentistas. Como Leonardo Da Vinci, quien mientras terminaba de escribir el Tratado de la pintura convivía con cadáveres diseccionados, en paralelo a sus investigaciones con instrumentos para medir la velocidad del viento, uniendo eso que parece tan diverso, pero que en el fondo forman parte de una misma y enorme búsqueda: desentrañar los secretos de la naturaleza.

En el Gabinete de curiosidades (desde el 27 de marzo en Malba Contemporáneo) los materiales y seres rescatados-creados por La Padula, buscan “poner en valor emocional mi colección ridícula ¿qué hago con un cacho de piedra de sal, con una alita de cigarra o con una hoja seca? El arte contemporáneo me permite, me habilita, a armar algo con esto en vez de tirarlo o guardarlo en un cajón. Por otro lado, por qué tirarlo si me enseña cosas, patrones, geomorficidad que es bella, placentera”.

En el Gabinete reina con cierta ironía austera el vidrio - elemento de laboratorio por antonomasia- cuya transparencia ambiciona lo neutro y habilita la observación sin interrupciones para no verse teñido por ningún trasfondo teórico. Encriptados allí vemos pinzas sueltas de cangrejos, tapitas pyrex, esqueletos de caracol, ramas disecadas, hongos secos que conservan en su base cada una de las líneas que los sostienen, junto a moléculas delineadas con acrílico y dibujos de seres que invitan a festejar la posibilidad de nuevas construcciones, revelaciones micromundanas, cuya realidad, explica La Padula “No es alquimia. No hay una interpretación. Es encontrar una relación que jamás imagine. Algunas las potencio, llegan a mi mesa de enlace biológico, busco relaciones estéticas, lúdicas a través de las estructuras moleculares y las moléculas que pinto con acrílico. Conviven hombrecitos de humo junto a insectos, que a su vez dejan de ser solo estético y dialogan con semillas y objetos de mar. El arte me habilita lo que la ciencia no me permite, es la apertura del arte contemporáneo, que habilita todos los materiales y formatos. El arte me permite abir el jugo”.

Otro dejá vu. Paul Klee y su herbario como un tesoro de formas, la línea y el punto como principios del universo, tras sus huellas parece trabajar el artista – científico Pablo La Padula, reencarnando en sus trabajos la hipótesis politéista, estética, científica o teológica. Qué más da.
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Lo contrario de la Magia, MALBA Contemporaneo, con la curaduria de Lux Lindner, durante los meses de abril-mayo.

Planos alabeados, Centro Cultural Ricardo Rojas, durante los meses de abril y mayo.

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