En el cine hay reglas del lenguaje que se tienen que respetar en los afiches

Melina AyudeMelina AyudePeriodista de cultura y espectáculos

 Entrevista a Nicolás Silbert

Colegiales no es un barrio con mucha publicidad en sus calles, más bien siempre se distinguió por ser lugar más residencial. Sin embargo, sobre Avenida Forest un afiche de Socios por accidentes 2 se esfuerza por no despegarse de la pared, y debajo se asoman los restos de uno de Relatos Salvajes. La última película de Damián Szifrón  que convocó tres millones de espectadores, sin lugar a dudas la última revolución del cine argentino. Aunque llevó mucha menos gente, y las críticas no la beneficiaron, Muerte en Buenos Aires fue otra de las películas que pareció estar en boca de todos.

Si de comparar se trata, la presencia de los Darín puede ser una casualidad o el tono de algunas partes de la película pueden sonar parecidas. Muchos no lo saben, pero la mayor coincidencia está en arte de sus afiches que empapelaron la ciudad durante semanas enteras, y esa fue la tarea de Boogieman Media, una empresa de diseño que se encarga de realizar el material que promocionan la películas argentinas. Entre las películas sobre las que trabajaron se encuentra Betibú, Séptimo, Wakolda, Tiempo de Valientes, Elefante Blanco, Abzurdah, entre otras. Uno de los dueños es Nicolás Silbert, actor y director de Caídos del Mapa.

El sol está cayendo, hay un poco de viento y la gente no se detiene a mirar el afiche de Socios por accidente, sin embargo algunos de ellos serán espectadores del nuevo film.
A media cuadra Nicolás espera en la puerta de Starbucks, y cuando pide un café le dice a la vendedora que se llama Oliver. Luego, cuenta que le gusta usar ese nombre siempre que puede. "Es como un personaje", dice, y agrega que su vida siempre es un poco de película: camina hacia la parada del colectivo escuchando música de persecución, pone música triste si pierde Boca, y con su novia ya escuchó los soundtracks más románticos del cine al menos dos veces.

"Desde que soy chico me la paso mirando trailers y carteles de películas, me parece lo más divertido de la experiencia cinematográfica", cuenta Nicolás, después de definir al afiche como la identidad de una película y el primer contacto visual que tiene una persona con la historia.


- El afiche nace por la imposibilidad de tomar fotos color, y al principio solo eran texto con imágenes, luego empiezan a aparecer cada vez más los protagonistas como el elemento principal, ¿por qué crees que se dio esa evolución?

- Las películas son muy visuales y es importante que se reconozca rápido a los actores y a los personajes. Es verdad que al principio solo eran palabras, pero cuando los actores empezaron a crecer fueron ellos los protagonistas de los carteles. Eso fue más o menos cuando los estudios de Hollywood comenzaron a tener exclusividad a largo plazo con sus actores para asegurarse el éxito. Chaplin y Buster Keaton fueron los primeros protagonistas en ser elementos de atracción para la venta y eso continúa hasta el día de hoy. Lo vemos en la mayoría de las películas argentinas, si tenés un buen elenco lo tenés que destacar, es lo que vende, el público muchas veces se garantiza que la película va a estar buena si actúa un determinado actor.

- Quizás antes era un poco más difícil detectar esto, pero en la actualidad los afiches generalmente representan el conflicto de la película y siempre aparecen los mismos elementos: una muñeca para una película de terror, dos personas enfrentadas para una comedia romántica. ¿Por qué no se busca ir más allá de los estereotipos de cada género?

- Porque esas son las cosas que hacen que sea más fácil reconocer rápidamente el tono de la película, y sobre todo que no haya confusión con el género. En el cine hay cosas establecidas y reglas del lenguaje que se tienen que respetar. Por ejemplo, las comedias tienen ciertos tonos de color, fondos claros, tipografías llamativas, se usa el color rojo. En cambio para las de ciencia ficción se utiliza una paleta más fría, se contrasta el cálido con el frío para dar la sensación del choque entre la tecnología y lo humano, y así los diferentes géneros. Son cosas que no fallan, y que el público, sin darse cuenta, fue consumiendo a lo largo de los años y ahora ve esos patrones y los reconoce muy rápido. Un caso interesante es el de las comedias independientes en donde siempre se usa el amarillo, un color que viene de Little Miss Sunshine, la primera gran comedia independiente que funcionó en el mundo, entonces al ver el amarillo directamente la gente homologa hacia ese recuerdo.

- Siempre usás una frase en los afiches, ¿las palabras también tienen tantas reglas al momento de definir el género?

- Si, totalmente. La frase no hace mas que orientar hacia dónde va la película, funciona como una pata de las imágenes. Generalmente las palabras que usemos en una película de humor van a intentar hacer un chiste y mostrar el tono de la película y en los dramas contarte un poco más sobre el rumbo de la historia. Es un desafío muy interesante trabajar con tan pocos elementos para transmitir tantas cosas, sobre todo porque dependés del material que te dan los productores, no siempre podés ver la película, y se trata de buscar recursos gráficos, imaginar, crear y tratar de transmitir una sensación con un lenguaje tan escaso y tan infinito como es el visual.

-¿En alguna ocasión las ideas que usaron para realizar una producción se vieron influenciadas por la realidad social que se vivía en ese momento?

- Nosotros también hacemos trailers, y hubo algo muy interesante cuando trabajamos para la película Séptimo porque tuvimos que hacer dos trailers diferentes. En el que se presentó en Argentina se mostraba mucho el suspenso, pero en ningún momento se hablaba del secuestro, y España tuvo un trailer donde el secuestro era el eje. Es claro, ¿no? Acá lo ves gratis en el noticiero, y en España es algo que llama más la atención y genera intriga. Ese es el ejemplo más directo, pero siempre hay algo cultural en lo que hacemos, es inevitable que no aparezcan esas cosas.

- Guerra de novias fue una película, en Estados Unidos, que hace algunos años apostó a hacer algo diferente con su difusión, en vez de afiches había unas pequeñas animaciones en pantallas donde se veía a las protagonistas pegarse con un ramo de flores y luego volvían de nuevo a la posición original, ¿cuánto falta para que los afiches muten en estos gifs y qué impacto tendría para los espectadores?

- En el cine lo que vemos son los leds verticales con las mismas proporciones que un afiche mostrando la misma imagen que se ve en papel en las calles, y si eso ya es atractivo me imagino que ver a un personaje vivo, respirando, moviéndose aporta mucha más información sobre el protagonista y sobre la historia, sumaría muchísimo a la comunicación. Aunque llevaría más trabajo se ahorraría mucho papel y dinero. Yo creo que falta muy poco para que esto suceda, ¡se vienen los gifs para las pelis!

Nicolás habla con pasión sobre lo que hace, y como si tener la ciudad empapelada con sus ideas no fuera suficiente, cuenta que su sueño todavía no se cumplió: quiere hacer un afiche para Woody Allen. Al salir de Starbucks ya es de noche, Oliver se pone los auriculares y se aleja despacio en dirección al centro, no mira a los demás transeúntes, sabe que es el protagonista de la película.