Mysterious Skin, una película que hay que ver

AmmiEliaAmmiEliaPeriodista

¿Qué tienen en común el abuso sexual, los OVNI’s, la prostutición y la homosexualidad? Nada, algo, poco mucho… depende. En Mysterious Skin (traducida como “Piel misteriosa” u “Oscura inocencia”) todo tienen que ver estos cuatro factores en la vida de Neil McCormick y Brian Lackey. Una película que no puede ser descrita sin decir y repetir: “Fuerte”. Mostrando lo justo y necesario, sin escenas de más, el director nos cuenta un drama movilizador, con escenas difíciles de ver y una especialmente violenta y angustiante en la que este espectador no pudo mantener los ojos en la pantalla.

Mysterious Skin podría ser un clásico, pero no se trata de clásicos. Los clásicos son para la gente tradicional, de buena familia, que cena con cubiertos de plata y vajilla fina en una mesa de roble con las mucamas trayendo y llevando los cuatro o cinco platos diferentes que se sirven en cada comida. Esta película se trata de otra cosa, de la vida real, de la crueldad del destino que nadie puede elegir y del que nadie está exento, o de la suerte, si no se cree en el destino, o de lo que Dios prepara para cada quien, si es que se cree en él. Tampoco… esta película se trata de lo que uno decide o puede hacer con la vida que le toca.

Pareciera que las palabras dan vueltas y nada hay aquí sobre el contenido de la película. Y es cierto. Se trata de una obra que no se tiene que contar con palabras, se tiene que ver. Pero sí se puede hablar alrededor de su trama, de lo que puede dejar como reflexión, de cómo en esta vida cargamos con nuestra historia nos guste o no. Aunque muchas veces pensamos, como dice Neil: “Desearía que hubiera un modo de volver el tiempo atrás y deshacer el pasado”, la realidad es que no lo hay y el cerebro, ese cablerío que conduce nuestro cuerpo y nuestros pensamientos, no tiene una papelera de reciclaje que podemos vaciar a piacere cuando se nos antoje. Los recuerdos quedan, más o menos vívidos, accesibles o no a la consciencia, pero están, siempre están.

 

El cúmulo de instantes que guardamos en nuestro disco rígido son los que hacen a cada reacción, palabra y pensamiento que tenemos en el presente, que se suman, a su vez, para el futuro. Como un “blackout”, como un agujero negro en la memoria, como un recuerdo feliz, con melancolía, con tristeza, con dolor o con alegría, lo vivido opera desde el backstage de la mente y está presente en cada escena de nuestra vida, así como en las de Neil y Brian.