Arte callejero: independiente pero también preso de la industria

AmmiEliaAmmiEliaPeriodista

“¿Con cuánto de eso se nace?”, preguntaba alguien viendo un dvd de Pink Floyd en vivo. Es decir, la cuestión era ¿cuánto hay de esfuerzo, práctica y dedicación y cuánto de innato en esos ‘grandes artistas’? Depende, por su puesto. ¿Es posible convertirse en tal de la noche a la mañana? También depende.

Exit through the gift shop (traducida como ‘salida por la tienda de regalos’) es un documental sobre el ‘street art’, un modo de expresión que revolucionó lo conocido hasta su nacimiento. Un hombre y una ‘adicción’ – por así llamarla – a su cámara nos traen a los píxeles de nuestros monitores todo un mundo, el del arte ilegal. Pero, ¿cuándo lo ilegal se vuelve legal? Peor aún, ¿cuándo lo ilegal se vuelve socialmente aceptado, valorado, mainstream?

Para que un ‘gran artista’ nazca, para que pueda emerger y transformarse en tal tienen que juntarse muchas cosas, entre las que está, por su puesto, “ese no se qué llamado talento”, que se trae de otra vida, pero en donde también juega ese trillado “lugar justo, momento justo”, que a veces, incluso, juega como único factor y demuestra que la suerte puede elegir a ese tocado que diseña la portada de un best seller y no el más creativo.

El filme en cuestión juega cual bisagra entre esos dos puntos, el arte, la expresión, la pasión, el corazón, la traición y la suerte. Es un documental que nos trae un mundo, un mundo que se traicionó a sí mismo, sin quererlo. O que fue traicionado por quien fuera observador partícipe. Una realidad que de ilegal pasó a cotizarse en miles y millones de pesos, como obra robada de Picasso, porque quienes no pertenecían a ella necesitaban apresarla.

Al fin y al cabo, eso es lo que suele suceder: cuando un modo de expresión escapa a los estándares, al círculo en el que se decide qué será socialmente valorado como expresión artística ‘de calidad’ (siempre medido con la inexacta, arbitraria, injusta y repudiable vara de los papelitos verdes) y sin embargo se masifica y sí es valorado por el otro círculo, el grande, el real, el de la ‘gente común’, allí es donde no pueden evitar abrir el maletín y decir, “somos nosotros quienes dicen que esto es arte, y sólo por eso lo es”. En realidad siempre estuvo allí, pero aunque naciendo muy por fuera de ello, y sin perseguirlo en absoluto, el street art entró, fue absorbido por la gran maquinaria del arte, una maquinaria que es como la de hacer chorizos, que saca un cuadro tras otro en la cinta de ensamblaje.

Es que la cadena se corta y se cortó por el eslabón más débil, por aquel que quiso mostrar que no se trataba de dinero y paradójicamente terminó poniendo él mismo la vaselina en el falo de la estructura de la industria que lo montó, y de buena muy gana.

Exit through the gift shop, una película en primera y tercera persona, una película real, no una película más, sobre una realidad más. 

Y la cereza del postre, una serie de imágenes de Banksy para disfrutar:  no ball games | bansky

No ball games | Banksy

Rat mural |  Banksy

Coppers kissing | Banksy

Pulp Fiction bananas | Banksy

One nation under cctv | Banksy

Instalación callejera | Banksy

No future | Banksy