Io sono l´amore

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Yo soy el amor”, diría cualquier enamorado... o “vos sos el amor, el amor en persona”, dirigiéndose a su partenaire. Sin embargo, la película de la que hoy tratamos (homónima a esta columna), trata justamente sobre no ser el amor, sino sobre ser la tradición, sobre esa fuerza que puja por cristalizar el ser, que siempre es movimiento.


¿Cuál es la relación entre esas dos palabras: amor y tradición?
No van de la mano, nunca. No son hermanas, ni pareja, ni amantes, ni amigas... pero se tocan en la vida, porque eso permitimos los humanos. El entorno social que construimos, en el que decidimos vivir, ese muro de significantes y significaciones que nos separa de la naturaleza, primariamente para protegernos de ella, nos termina por aprisionar. “El malestar en la cultura”, dijo Freud. Y con razón, porque allí está. Y, ¿qué es la cultura sino tradición?

Entonces es allí, aquí, en este mundo homo de ficciones, de la razón irracional, donde pueden tocarse estas dos fuerzas contrapuestas. El amor, como potencia vital, de transformación hacia lo más elevado del placer profundo, valga el oxímoron. La tradición, como el manual del recluso para el buen comportamiento, del principiante al que no le sueltan la mano para improvisar.

Sin embargo, nada nuevo hay en decir que todo existe por oposición a lo otro, a lo que no es. Entonces, la tradición se vuelve posibilidad, una barrera devenida en puerta, trampolín que permite el salto más elevado hacia la libertad.

Y entonces sí, Yo soy el amor, entonces sí la bisagra, el temporal de ese deseo que irrumpe desde lo más profundo, que se quita el velo que imponía el manual de conducta y desordena toda la vida. Introduce un desorden armonioso, revelado en las tomas desprolijas de la cámara, que no lo son más que por su perfección, por retratar del modo más fiel los sentimientos y las emociones, perfectas en su desorden, en su ímpetu descontrolado y arrasador. Una fuerza huracanada que derrumba por los cielos el edificio de billetes, ésta como tantas otras veces detrás de los barrotes.

Yo fui la tradición, fui la etiqueta que ésta me puso, el nombre que incluso me dio, la identidad que me forzó a habitar, el ser que me dijo: “sos”. Todo eso fui, hasta que rompí el chaleco de fuerza, desgarré las ataduras, me desnudé y hoy... Io sono l´amore