"Marcapasos" de Carlos Costa

Analía Skoda Analía Skoda Redactora y viajera de libros

Gonzalo MarinaGonzalo Marina

   Es difícil aceptar que la muerte es una de las cosas más naturales de la vida. Escondemos su fin en el silencio, entre recuerdos borrosos o mientras cumplimos aceleradamente nuestras rutinas. Es una suerte que la literatura haga todo lo contrario. Sin necesidad de dar una respuesta, las experiencias de dolor o alivio propias de la muerte se revelan en la ficción. En su novela Marcapasos, Carlos Costa nos presenta una mirada profunda sobre el paso del tiempo y el coraje a partir de este pasaje definitivo.

 

 Después de muchos años, Diego vuelve a la casa de su tía Amanda para acompañarla en sus últimos momentos de vida. Resignado, se reúne con sus tres primos en el campo donde pasaban los veranos cuando eran chicos. Allí encuentran a Marta, una mujer sencilla pero práctica, que asiste a la anciana. Cada uno espera ansioso el desenlace. Los primos buscan repartirse los terrenos de Amanda, y Marta, un descanso merecido. Pero lo que parecía inminente comienza a prolongarse, primero por horas, quizá días. El calor, la parcimonia del campo, el rencor entre los hombres y la posibilidad de pasar más tiempo juntos incrementa la tensión. El escenario favorece la irrupción del pasado. Sin proponérselo, Diego se entera de por qué no regresaron más al campo y de otras facetas de su padre, especialmente de la agónica boca de Amanda. Sólo él tiene la posibilidad de hacer justicia o dejar que sus primos, las circunstancias y la vida lo superen, como siempre.

El ritmo pausado, casi dubitativo que adopta la novela es una combinación perfecta entre la narración de Diego y los hechos. Desde el comienzo el personaje parece incómodo. Sabe que no aporta a la causa ni lo tienen en cuenta, especialmente el prepotente primo mayor, Mario. Su vida ha sido un transcurrir, empezando por la infancia hasta el matrimonio. Si bien ciertos acontecimientos lo toman por sorpresa (al igual que al lector), esta intriga que lentamente se desenvuelve es uno de los rasgos más apreciables del texto. Creemos que vamos por un camino cuando en realidad transitamos otro. Cambios nunca forzados. De esta manera nuestro protagonista entiende que había lazos más fuertes con su padre de lo que pensaba. Cual héroe moderno, las sombras de Diego persisten, pero disfrutamos que las reconozca y tenga el valor de aclararlas.

Al mismo tiempo que nos adentramos en la intriga, también descubrimos los temas del relato. La muerte atraviesa toda la historia, tanto por el silencio de los que ya no están como por la persistencia de los convalecientes. El tiempo también es importante porque el ritmo del campo es distinto al de la ciudad. Pero, sobre todo, nos impacta la pérdida. No es casual que la narración esté en presente, un contraste ideal para mostrar la infancia perdida en el ajetreo adulto. Unas de las reflexiones más entrañables se refiere a eso: “Nunca pensé en que todo eso se podía volver recuerdo. Eso era así, en ese día, y los días son eternos cuando uno es chico. ¿Cuándo me di cuenta de que el día se acababa, que un día más era un día menos?” Finalmente, el amor se cruza con los temas mencionados. El autor nos recuerda que no hay nada más eterno que el amor juvenil aunque muchas veces llega a su término.

La ficción argentina y el campo (aquí de Entre Ríos) tienen un vínculo inseparable. El calor, los arroyos, el pueblo que nunca cambia son espacios recurrentes en las películas o los libros. Costa no lo idealiza, más bien muestra su situación actual. Un paisaje rural que ha perdido las vacas por la soja.

Marcapasos es una novela que engaña por su tono apacible pero que encierra una enorme profundidad y dureza. El título de la novela alude a una pregunta esencial: por qué nos aferramos a la vida incluso frente al dolor. La virtud de Costa está en describir planteos honestos que todos nos hemos hecho ante situaciones poco placenteras. Hay pasajes amenos que, al encontrarlos, nos llenan de esa experiencia estética propia del arte. Porque si algo debemos reconocer en la prosa de Costa es su capacidad de transmitir en palabras los momentos de belleza que alguna vez todos hemos sentido. 

 

 Carlos A. Costa, autor nacido en Gualeguaychú (Argentina). Inició su formación en Casa de Letras y continuó en diferentes clínicas narrativas (Laurencich, Correa Luna, Cross). Ha publicado dos volúmenes de cuentos: En saco ajeno (2007) y El otro jardín (Simurg, 2008). En 2007, fue seleccionado en el Certamen Juan Manuel Portela. En 2008 recibió la mención del Concurso Iberoamericano de Cuento Julio Cortázar, organizado por Casa de las Américas y Fundación Alia, por “Un lunes cualquiera”. “Coche a motor a Villazón” fue publicado en el primer número de la revista "La Balandra", junto con “Un lunes cualquiera” fueron incluidos en El otro jardín. Fue finalista en 2011 del Premio Letra Sur con la novela Marcapasos (Simurg, 2012). Es autor de Al margen del cielo y Tal vez por tus ojos negros, aún inéditos.