“11 Domingos desde la ventana de mi cocina” José Rshaid

Eugenia ViñaEugenia Viña

Nos enseñaron: el domingo es un derecho. Obligados a ser felices, tenemos que hacer que descansamos. José Rshaid desobedece, y los cuenta. José cuenta domingos. Preso en su libertad, escribe con pinceles, dibuja con palabras. Y para no marearse, le pone números a sus días.

Esperó otro domingo y el 11 de mayo, en el “Espacio Crea" – rodeado por pinturas de la exposición colectiva Bazar, presentó su libro de poesías y pinturas junto a los artistas plásticos Karina Farji y Gustavo Veglia, compañeros del taller Abremaza coordinado por la pintora Susana Schnell.

Rshaid – pintor, escritor, psicoanalista - hace de un día, una isla. La isla tiene forma geométrica. Once: es un cuadrado. Pero es una trampa.

Desde la mesa, rodeado por la ventana y el jardín que se esconde detrás, durante dos meses y medio, José se detuvo - activo y lúcido, dormido y sediento - con lápices y tintas, para contar lo que sucedía allí, desde la ventana de su cocina. Domingos donde al recortar su universo rodea su isla con un salvavidas construido con tantas palabras como silencios.

El domingo de comienzo es un domingo de pregunta. Y de resurrección. 

Cuántas mañanas?/Cuántas bandadas de gorriones/Cuántos soles/Habrán llegado antes?/La luz no es nueva luz /ya estuvo aquí. /Sin embargo el espejismo /maravilloso espejismo de la vida/ nos farsea./Absurda y milagrosamente/ Somos nuevos.

Domingos gris plomo. Allí está, desde su cocina, un día que es noche. Un amanecer que atardece antes de nacer.

Gris/silencio de noches/pero es día./Afuera se gritan soledades/y soleados/ayeres./¡Quevacer!, /la ciudad hoy/ no es amiga y sus enaguas/suenan a violines/de despedida.

José es médico del alma. Sabe demasiado sobre los otros- que es saber demasiado sobre uno mismo. Verdades crudas como rayos atraviesan el tercer domingo, tibio. Pero quema.

Al fin y al cabo/aunque el día/Huela a reproches/el sol sigue allí/ tibio, /pero asfixiado de hospitales llenos/ de sucias verdades/ de calles mugrientas/y fragancias/de terciopelo azul.

Hay de todo en su cocina: sueños maldormidos, tangos, recuerdos, cuerpos, erotismo, soles, jardines de otros, ángeles, obligaciones, niños, amor. Y tristeza.

El adulto habla de los niños. José habla del pequeño José. Del que fue, y del que lo acompaña todavía en esa cocina, un domingo, que el decidió numerar y llamarlo: Once.

Domingo día del niño./Bicicletas que vuelan/en esperanzas/Los niños juegan/en las madrugadas/desveladas./Domingo de anhelos/que otros impiden./¡La puta los orangutanes!/Que misterio/la vida./de pobres./de deseos quebrados.

Misterio. Vida. Quiebre. Misterio. No caigamos en su trampa. El cuadrado se transforma en un círculo. José lo sabe. Por eso sólo contó once domingos. El final coincide con el principio: Domingo de comienzo. Rodeado y acompañado, hoy y aquí, por anti domingos de festejo. Más misterio. Y más vida.

La artista Marina Farji presentó las pinturas de este modo:

José pinta, José escribe, José es psicoanalista.
Vive y trabaja en Buenos Aires.
En su casa, durante 11 domingos josé retrató ese particular día de la semana, con sus sueños, emociones, sabores, nostalgias, tristezas, perezas, abismos, olores…..
Y los retrató con manchas…. “Las manchas de José”….
Manchas misteriosas unas, otras que conmueven, otras caóticas, otras bellamente puras…… Manchas que se han dejado llevar por las manos de josé creando su propia aventura.

Las pinturas de José “son” sus manchas, de ella nacen formas, colores, mundos que solo José conoce y que nos revela así… de a poco…. Uno a uno …. Cada domingo desde la ventana de su cocina.

Más info: