Libros para viajar

Gonzalo MarinaGonzalo Marina

Analía Skoda Analía Skoda Redactora y viajera de libros

Las vacaciones terminaron, se nos fueron a regañadientes como los últimos pedacitos de una rica comida. Sin embargo, cualquier momento es bueno para planear o hacer un viaje. ¿A dónde vamos? ¿Qué vamos a hacer ahí? ¿Se puede comprar yerba o hay que llevar? Internet tiene la respuesta para todas esas preguntas. Pero si además queremos una mirada literaria sobre ciertos lugares siempre podemos leer relatos de viajes. Sobre este género tan especial vamos a comentar Camino hacia una tierra socialista de César Vallejo, Los autonautas de la cosmopista o Un viaje atemporal París-Marsella de Julio Cortázar y Cómo viajar sin ver de Andrés Neuman.

La literatura de viajes es puramente ficcional y cualquier referencia al itinerario afecta existencialmente a los personajes. Estaríamos hablando de obras clásicas como La Odisea, La Eneida y Los viajes de Gulliver. En cambio, los relatos de viajes refieren experiencias, memorias, anécdotas que dan información sobre una travesía. Es un género mixto porque no se puede separar lo documental de los recursos literarios.

Camino hacia… es una recopilación de cartas, artículos y poemas escritos por el enorme poeta peruano César Vallejo durante sus viajes por Europa. Con un estilo pomposo, Vallejo describe la gloriosa París de los años 20; a Rusia, luego de la revolución; y a España, cruzada por la guerra civil.

Son atrapantes las crónicas de Vallejo sobre los teatros parisinos, las puestas y propuestas dramáticas. Y si bien se empantana con relatos acerca de la vida cosmopolita o las comparaciones con Nueva York, encontramos lo más valioso del libro en su mirada sobre la nueva vida comunista.  Tomamos un ejemplo de la vida rusa:

Se ha instaurado el año de trabajo continuo, con la semana de cuatro días laborales y uno de reposo. Este último no es el mismo para todos los trabajadores. Una rotación especial de las semanas establece que cada quinta parte de la población disfrute de reposo hebdomadario el día en que las cuatro quintas partes restantes trabajan. De este modo, y siguiendo el turno, para unos el día de reposo es hoy; para otros, mañana; y así sucesivamente.

Volviendo a Francia, Los autonautas… es uno de los últimos libros de Cortázar. Escrito junto a Carol Dunlop, su pareja en aquel momento, es la historia de su viaje por la carretera que une a las dos ciudades francesas. La anécdota sería trivial (como ir de Buenos Aires a Mar del Plata) si los autores no se hubieran detenido en cada parada o refugio de la autopista. Así, un recorrido de un par de horas se prolongó por un mes, tiempo suficiente para observar y reflexionar sobre lo cotidiano.

Las observaciones en la ruta se reducen a cero o poco menos: todo ocurre ahora en los paraderos, donde camiones y autos entran lentamente, casi delicadamente, para detenerse con suma precaución los unos al lado de los otros. Lo que era un enorme paralelepípedo amenazante, un bólido llamado Porsche o un zigzagueante Renault 5, se nos acercan ahora con la lenta y amistosa reptación de un perro que busca caricias o un gato que sospecha un resto de sardinas.

Un libro lleno de memorias, fotografías, tickets de peaje y dibujos. Esto lo hace cálido, profundo, pero melancólico en su esencia porque los autores inician el viaje a raíz de la enfermedad de Dunlop. La sensación es que Cortázar buscaba lo vital frente a la proximidad del fin (ya sea de su mujer, de su producción, o de su propia vida).

Del otro lado del charco, se puede recorrer Latinoamérica a los tumbos gracias a un libro. Esa es la premisa de Cómo viajar sin ver de Andrés Neuman. Mediante breves reflexiones, citas, descripciones y diálogos, el escritor nos presenta su impresión de 19 ciudades mientras promocionaba su novela. Neuman pasaba pocos días en cada lugar, haciendo de su prosa un ejercicio fugaz, casi como un comentario de Facebook o Twitter que nos deja entrever algo (nunca todo) de la cultura de cada país. 

Lo atractivo de cada relato depende mucho del lugar. Si Buenos Aires o Santiago parecen aburridas, el calor de Asunción, la mezcla de Miami y el mar de San Juan, son más atrayentes. Pero lo más interesante del libro se encuentra en Caracas, Guatemala y Panamá. También en La Paz, Bolivia, ciudad con leyes propias:

En La Paz los taxis no van a donde uno les pide. Es necesario negociar el destino con los conductores. A tal plaza, por favor. ‘No, a la plaza no.’ A la catedral, entonces. ‘No sé, no sé.’ ¿Y al mirador?, me llevaría al mirador? ‘Suba, señor.’

Todo depende de nuestra mirada, una playa puede ser tediosa para un oficinista local o maravillosa para un viajero. Si a nuestro destino le sumamos la lectura de los relatos de viajes, seguramente descubriremos nuevas riquezas.