La torre de los duendes (Parte III) - El final.

Emanuel SimónEmanuel SimónPeriodista colaborador

La torre endemoniada asustaba al barrio. Nadie quería ir a vivir a ese lugar, menos al último piso. La dueña original del inmueble se fue repentinamente y nunca más volvió. La inquilina que la siguió se suicidó sin ningún motivo aparente. Vivir en esa torre al parecer era un calvario.

A los pocos días del suicido de Clementina, Eleonora reveló las fotos que sacó en el atelier de la joven artista la cual había entrevistado en los días previos a su trágico final. Algo raro notó en ellas: en las imágenes sacadas al cuadro inconcluso aparecen tres duendes. La periodista recordaba muy bien la obra, ¡ésta no tenía ningún gnomo pintado por la artista!

Lejos de asustarse, Eleonora sigue investigando. Indagando a los vecinos del lugar, se enteró de la huida de la mentora y primera habitante de la casona. Como buena curiosa, ya sea por su profesión o por el misterio que la desvelaba, la reportera consigue una entrevista con la señora de Auvert.

Luego de coordinar telefónicamente- en aquel tiempo era común que las grandes estancias tengan teléfono- la periodista se dirige a la mansión de Auvert, ubicada en la localidad bonaerense de Rouch, y tiene una charla con Doña Luisa. Sin pelos en la lengua la señora le cuenta la historia de los duendes, una antiquísima leyenda de Cataluña, la cual habla de los “follets”, unos pequeños gnomos que duermen en los hongos de las setas, unas de las plantas exóticas que mandó a pedir exclusivamente a España para decorar su nueva casa. El relato continúa. Eleonora la escucha pero no le cree nada. Al parecer, doña Luisa y sus sirvientes “conviven” con los duendes al principio sin problemas. Pero luego algo paso y éstos se revelan. Lo que era una convivencia tranquila pasó a ser un infierno. A tal punto se tornó insoportable que la dueña decide irse con los pocos empleados que le quedaban.

Auvert nunca había hablado del tema porque pensó que la iban a tratar de insana, algo que no le convenía ya que no podría seguir manejando sus negocios. Según termina la leyenda, las fotografías pusieron nerviosos a los duendes y le hacen la vida imposible a Clementina hasta el peor de los finales.

Eleonora no le cree la historia a la estanciera. Vuelve de Rauch con cierta decepción y con el tiempo abandona la investigación. Vos, ¿le crees?