De cuentos breves (y otros breves que no son cuentos): "De sábanas y el verano..."

Sol ArrúaSol ArrúaUn mix extraño entre arte y ridiculez

 Dio una, dos, tres, cuatro vueltas.  Giró a un lado y hacia el otro.  Empujó las sábanas lejos de su cuerpo, que yacía tendido sobre el colchón caliente, transpirado...

La luz del sol se inmiscuyó a través de las persianas y le hizo mover los párpados, le tocaba los muslos y aún más las mejillas... le acaloraba el cuero cabelludo. Pensó en levantarse y correr las cortinas y de pronto, sin abrir los ojos, se vio acompañada.  No supo si era cierto, si era un recuerdo o, simplemente, lo estaba imaginando.  La idea de no estar sola la inquietó pero confiaba en sus fantasías y prefirió mantenerlas.  Apretó los ojos, obligándolos a cerrarse, como si les diera una orden.  

Sintió su respiración agitada, nerviosa, quiso calmarse, ser silenciosa, un cuerpo inerte, casi desmayada.  Quiso imaginar, quiso creer en ese alguien junto a ella, descansando en la misma cama, al mismo tiempo...

Deseó con pasión recordar, y fue en vano, no recordaba haber tomado de más, no recordaba haber soñado vívidamente... no recordaba.

Imaginó una noche, y otra y muchos días, tardes soleadas, atardeceres anaranjados, con aroma a pasto mojado, a montaña, a sal y olas, a viento de otoño. 

Se agitó.  Respiró uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis, retuvo... uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis...

Imaginó canciones, melodías dasafinadas, tarareos discontínuos, descontestos, malestares, largas conversaciones de madrugada, caprichos, fatales enojos y pasionales reconciliaciones, con lágrimas, con sonrisas, con carcajadas estruendosas...

Respiró uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis, retuvo... uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis... 

Temió porque sus ojos se abrieran para ver una camara revuelta, tan inmensa... Temió por esas caminatas y todas esas lunas que jamás contemplaría.  Temió por no poder compartir el olor a Navidad de los jazmines y la frescura de las manos mojadas.  Temió porque sus pies se encontraran con un desierto de telas arrugadas... 

Se dispuso a relajarse, a borrar las instantáneas de su cabeza, a silenciar los sonidos...

Respiró uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis, retuvo... uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis... Una y otra vez, y otra, y alguna más...

Sus ojos pestañearon, distendió sus hombros, se encogió hacia un lado y acarició la almohada... Respiró y no llevó la cuenta...

Sintió la brisa caliente entrar por la ventana, se empujó hacia atrás el cabello y relajó las piernas.  Quiso darse vuelta y quedó a mitad de camino cuando la tomó por sorpresa.  Estiró sus manos y la acarició conteniéndola entre sus brazos... Respiraron, abrazados, y, sin siquiera abrir los ojos, durmieron hasta el próximo despertar.

 

Ph: Sol Arrúa - http://be.net/solarrua