El "otro" me quiere hacer sufrir

Jess DelpuxJess DelpuxCoach Ontologíco

Las defensas surgen cuando “algo” es percibido en forma de  peligro y simula ser una amenaza  a nuestra integridad.  Según la teoría freudiana,  los mecanismos de defensas son estrategias psicológicas inconscientes que posibilita hacer frente a la realidad y son utilizados a lo largo de la vida de un individuo.  El propósito es protegernos de la ansiedad o sanciones sociales que NO podemos hacer frente en un determinado momento .

Uno de los mecanismos que generan distancia en los vínculos es percibir al otro como amenaza. Este supuesto nos lleva a vincularnos de una manera displacentera con el otro, ya que frente a cualquier demostración afectiva que el otro haga hacia uno mismo,  se activará una conducta de evitación,  generando distancia, e imposibilidad de tejer relaciones afectivas estables.

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Frente a este mecanismo,  la interrelación se dará de manera ansiosa,  como un elástico que se estira y vuelve, pero nunca llega. Y no llegá precisamente por miedo, porque el beneficio de sostener esta creencia es evitar sufrir. Nuestra meta es puramente hedonista, tendemos a repetir situaciones que nos otorgue placer.

Estas construcciones imaginarias nos posibilitan sostener  la fantasía de ser omnipotentes al sufrimiento.

¿Cómo se construye “el otro como amenaza”? simplemente es necesario haber juzgado una situación dolorosa  como NO merecedora, para comenzar con su construcción. Todos nuestros pensamientos surgen en la dinámica de nuestras experiencias.  Pensar la vida como el resultado de ser merecedores o no de ciertas situaciones,  acarrea inevitablemente sufrimiento.

 

Pensar que nada depende de nosotros y creer que todo es "azaroso", conduce a tomar el rol de victima y no de protagonista de la vida.  No es tan real que podemos controlar todas las variables en nuestra vida, como así tampoco lo es, que todo depende del azar. 

Es importante tomar conciencia que somos nosotros mismos quienes construimos las relaciones,  somos quienes generamos el vínculo, es decir, somos responsables del tipo de relaciones que tenemos.

La percepción de amenaza limita conocer al otro, es decir, imposibilita a experimentar la magia que surge de la interacción. Pero a mi juicio, nos perdemos de algo que considero lo más importante, nos perdemos de “vivir en el amor”. Si bien el amor esta dentro nuestro, necesitamos de los otros para que este sentimiento despierte, porque al ser despertado nutre nuestro interior.

Los invito a pensar.se y  reflexionar sobre el tipo de vínculos que tejemos con los otros.

 Los mecanismos de defensas son tan variados y particulares como observadores hay.  Cuestionarlos es la clave para conocer: para qué aparecen, cuál es su beneficio, como así también sus  posibilidades y  limitaciones  en el campo de la acción. Si al ponerlos a prueba no lo podemos defender con solvencia mágicamente se desarman,  perdiendo vigor.

Ampliar nuestra conciencia, cuestionar nuestros pensamientos termina siendo el acto de mayor libertad del ser humano, porque las cadenas no son impuestas desde afuera, sino desde nuestro interior.