¿Hablamos para ser escuchados?, o bien, ¿Hablamos para transmitir información?

Jess DelpuxJess DelpuxCoach Ontologíco

 En nuestra era del auge de la ciencia se confunde la conexión con la comunicación. Es verdad que tenemos más medios para comunicarnos que hace décadas atrás, pero esto no significa que nuestras comunicaciones sean más eficaces.

hablarNo podemos pensar la comunicación bajo el  paradigma lineal “fuente-transmisor-canal-receptor-destinatario”,  tampoco podemos pensar “inocentemente” que el canal, la herramienta, sea comunicación.

La conexión aparece como consecuencia de internet, redes de “comunicaciones” interconectadas que exacerban la fantasía de vivir la experiencia de estar conectados las 24 horas. Los límites geográficos se desdibujan, el mundo intangible reemplaza al físico;  el resultado esperable: una cultura homogénea, que elimina la particularidad de cada sociedad, y en consecuencia, la singularidad de las relaciones sociales que construye el sujeto. 

Por el contrario, la comunicación es causa, ya que aparece en el sentir humano desde los primeros tiempos tomando al lenguaje como un modo particular que  permite significar al mundo, a los otros y a sí mismo. 

Llegamos al mundo en un estado de indefensión total, allí necesitamos que aparezca un otro significativo que no solo nos brinde alimento, sino que nos dé amor. Necesitamos que nos “tomen”, y al tomarnos en cuenta  aparece el sujeto. 

La etimología de la palabra sujeto proviene del latin subiicĕre en latín y significa originalmente someter. Esta definición produce cierta resistencia, pero si pensamos que estamos como seres humanos “sometidos” a la mirada del otro, cobra un nuevo sentido, ya que nos constituimos a partir de otro. El “otro” nos muestra como espejo, sin ese otro no aparecería el sujeto, y sin sujeto no hay verbo, sin verbo no hay lenguaje. 

Por esto al hablar de comunicación, no podemos limitarnos a ciertos paradigmas. 

El paradigma lineal tiene como vedette al sujeto que emite, pero que alguien diga no implica que sea escuchado, es decir, no podemos afirmar que exista comunicación. Es importante reconocer el papel activo de la escucha.

El paradigma vigente del procesamiento de información, pensado como analogía al computador, toma en cuenta al receptor como destinatario del mensaje , es decir,  el otro aparece por medio del  feedback. 

De todos modos, pensar la comunicación como un procesamiento de información resulta demasiado técnico y siento que se elimina al ser humano en su riqueza. Si bien hay una devolución en forma de retroalimentación positiva el otro sigue apareciendo como decodificador del mensaje. Y el otro, como hemos dicho es mucho más que eso, no solo es un ser que emite y/o procesa información.

Este paradigma supone que el otro siempre escucha,  y esto no es cierto. El otro convive en su propia conversación interna, y muy pocas veces logra ponerla al servicio de quien emite. Por esta razón, este paradigma si bien puede servir a modo descriptivo convive bajo un gran manto de oscuridad.

Aquí  aparece la pregunta: ¿Hablamos para ser escuchados?, o bien, ¿Hablamos para transmitir información?. 

Son dos supuestos diferentes, hablar para transmitir información no implica ser escuchado. Partir de este paradigma, encuentra su límite en la emisión de un mensaje, su fin no es coordinar acciones ni conversaciones, simplemente es enviar  información.  Es donde se encuentra  la  raíz del problema, confundir  la conexión con la comunicación; emitir información genera redes de conexiones, no redes de conversaciones.

Por el contrario, al hablar para ser escuchados, tomamos en cuenta el sentir del otro, su mirada, su interpretación, y ésta es la clave para que nuestras comunicaciones sean más eficaces. A partir de allí, damos sentido a lo que decimos porque aparece el otro, y mientras aparezca el otro, también aparecemos nosotros mismos.  

Puede que la era de la información y el conocimiento nos conduzca a confundir dos términos;  comunicación y conexión, pero debemos tener un espíritu crítico para diferenciarlos. 

Cambiar la manera de escuchar es cambiar el propio mundo, implica una actitud de apertura, es salir de uno mismo, para comprender al próximo. Como dice Rafael Echeverría, a partir de la escucha, construirnos nuestras relaciones personales, interpretamos nuestra vida, proyectamos hacia el futuro y definimos nuestra capacidad de aprendizaje y de trasformación del mundo.

Esto posibilita encontrar satisfacción  en las relaciones, como así también asegurar altos niveles de efectividad en nuestro actuar, pero para que esto suceda necesitamos realizar el gran salto : “Salir de nuestro sentir, para  escuchar  otro sentir”, para conocer lo que ama, piensa, sufre, sueña, proyecta ... para comprender desde donde dice lo que dice.

Solo si podemos salir de nuestra propia conversación y ponerla al servicio del otro, podremos superar los paradigmas comunicacionales. Solo allí aparecerá el sentido de lo humano y  la palabra recobrará valor.  Porque la palabra es creadora. La creación necesita del verbo, y el verbo de la acción. Mientras exista acción habrá cambios, y mientras haya cambios, ampliaremos nuestra conciencia para comprender el sentido de lo humano.